Iconoclastas

godard garrel mal genio

Para seguir con el tono del artículo “Empleos de verano”, es decir para jugar a la iconoclastia de los temas emblemáticos de la teoría de los años 60 y 70, recomiendo leer un libro al que ya me he referido en otro momento, La séptima función del lenguaje, del versátil Laurent Binet, y la película del ganador del óscar por The Artist, Hazanavicius, Le redoutable (Temible).

Le redoutable es una adaptación al cine de Une année studieuse [Un año ajetreado], escrito por la amante de Jean-Luc Godard, la actriz Anne Wiazemsky, luego escritora y directora de cine, que narra la relación con el célebre director de La chinoise. La versión cinematográfica es divertida, iconoclasta en el sentido que ridiculiza al genial director, y está cargada de alusiones meta-cinematográficas. Desde el punto de visto de Hazanavicius -y probablemente del de la actriz y escritora- Godard es un personaje patético, payasesco y, naturalmente, machista. Como en el caso de Binet, una se ríe a gusto pero sin compartir ni el punto de vista ni el tono de la película. Para mí lo sobresaliente es cómo Louis Garrel defiende a su personaje. Garrel, hijo de un conocido director de cine francés justamente de la época gloriosa, está adquiriendo un nivel que lo convierte en presencia indiscutible del cine de hoy. Aquí, su famosa tupida melena se convierte en una calva nada incipiente y las icónicas gafas de pasta de Godard conocen más de una y de dos veces el contacto del suelo… Este recurso chaplinesco no deja de tener un significado simbólico: en un momento de ebullición histórica como fueron los 60, con el punto álgido en las protestas y reivindicaciones del 68, se nos dice que su mirada no acertaba a ver la realidad con precisión porque su instrumento –las gafas como símbolo de elaboración de lo visto– quedaban inútiles una y otra vez.

Vaya por delante que la actriz, la flaquísima y autosatisfecha Stacy Martin, no me gusta nada, aunque la confianza en sí misma que demuestra como actriz, y en su propio cuerpo, permiten que la película llegue hasta el final sin demasiado tropiezo, pero me cuesta no pensar en el carisma de las actrices de la época, incluida la auténtica Wiazemsky, o Anna Karina, ya no digamos las grandes divas.

Godard aparece retratado como un machista muy desagradable, y no hay por qué dudar de los recuerdos de su joven pareja. Sin embargo, no me convence cómo representa la confusión de Godard respecto a las exigencias participativas de las clases trabajadoras, y cómo esta exigencia de participar en la batalla suponía discutir el concepto de “genio” que se le endilgó a él desde su rompedora aparición en À bout de souffle. Es divertido como comedia, del mismo modo que las ácidas descripciones y escenas que Binet inserta para burlarse de Sollers y Kristeva –los únicos que siguen vivos de todo el santoral setentero y que amenazaron con denunciarle– son hilarantes. Pero esa burla, esa parodia, en ambos casos –Binet es más inteligente– deja de lado la sustancia que convirtió a estos intelectuales en figuras de referencia. Para un joven espectador que vea Mal genio (traducción elocuente), Godard no fue más que un misógino, pedante y ególatra director de cine de filmes entre políticos y románticos. Y como, en aras de atraer al público más amplio posible, se obvia la potencia intelectual de Godard –pese a desastres como algunas cintas infumables que expulsaron de las salas de cine incluso a los más fieles–, no se transmite acertadamente la contradicción que experimentaba el cineasta entre su voluntad artística y la conciencia de deber participar en la revolución de su tiempo.

Dicho de otro modo, no es fácil para un lector no leído, no enterado de las contradicciones de la década, advertir que el drama de Godard fue que empatizó demasiado con un movimiento que no le pedía, según él creía, renunciar a su identidad genial, disolverse en el colectivo, por usar la  terminología de la época. Resulta más fácil entenderlo si se compara con la actitud de Pasolini en relación al movimiento estudiantil-revolucionario. Dado que el italiano tenía un punto de vista hipercrítico hacia el desarrollo económico y las consecuencias en términos de consumo que acompañaron a la década del despegue, nunca se puso de lado de los estudiantes y así recibió una sonora pitada precisamente en la Sorbona. El arte, la poesía, el cine, eran formas de expresión autónomas y él como autor, intelectual, artista, entendía esas revoluciones como formas sofisticadas del progreso consumista de la evolución del capitalismo industrial. Por ser un hijo rebelde de la pequeña burguesía, y homosexual, Pasolini no tenía complejo de culpa respecto de sus iguales, mientras que Godard, artista genial hijo de un banquero suizo –repito: BANQUERO SUIZO–, sentía la necesidad de acompañar las impugnaciones a la totalidad de sus coetáneos. El contexto político era bastante diferente de un país a otro.

De manera que Le redoutable es divertida, iconoclasta pero, como protesta con razón Louis Garrel, una siente la necesidad de defender a Godard, no de justificar su misoginia ni su vanidad, sino su lealtad a la transformación profunda de la figura del artista e intelectual del momento. Si uno lee a Deleuze y a Godard, advertirá que  el director de cine se hace eco de las reflexiones del primero. En conclusión, quizá de lo que se trata –dejando de lado los problemas a la hora de elegir a la pareja adecuada– es de ser más exigentes con nostros mismos para ponernos a la altura de Godard, Barthes, Kristeva e tutti quanti, en lugar de aparcarlos, de denigrarlos con lecturas reduccionistas para ser tan mediocres y pactistas como conviene a los Hazanavicius de cada día.

Emirates Confidential

Emiratos hotel juancarlos

Emirates Hotel, refugio de Juan Carlos de Borbón

juan carlos y jeque1

ah, la legendaria hospitalidad árabe… salvo para las mujeres, los extranjeros pobres y los periodistas críticos con el régimen (aquí y acullá).

juan carlos y asesino de kassogui

El rey Juan Carlos I junto al príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bien Salmán, en el GP de Abu Dhabi de Fórmula 1, en 2018. La imagen se difundió dias después del brutal asesinato del periodista Yamal Khashoggi dentro del consulado de Arabia en Estambul. EFE

como dijo el poeta…
hay otros mundos, pero están en este.

Por favor, no finjáis que caéis del guindo. Anasagasti estuvo años hablando de los negocios del rey y fue tildado de loco. Y no os rasguéis las vestiduras dando a entender que en él empieza y termina la corrupción por lo que con su expulsión-salida-huida-exilio-fuga-extrañamiento España queda libre de nepotismo y comportamientos censurables, punibles por la ley.

 

Juan-Carlos-Franco

El dictador Francisco Franco descubre cuánto le han crecido los enanos

 

Porque no es lo mismo… no, no es lo mismo

 

 

No es necesario insistir en que soy republicana y creo que la monarquía tiene los años contados, pero… hoy hay un gran  pero en relación al escándalo que se ha organizado por la salida pactada de Juan Carlos I.

Es verdad que si yo me creyera la historia oficial sobre el 23 de Febrero y el golpe de Tejero, el escándalo de las cuentas suizas podría parecerme más grave de lo que me parece. Si considerase a Sofía de Grecia una santa, en lugar de una mujer de convicciones ultraderechistas, las infidelidades -vulgo, cuernos– que le ha impuesto durante tantos años su santo y católico varón me apenarían más. Con todo, a los desmemoriados y a los menores de 40 años, hay que subrayarles hoy que NO ES LO MISMO inspirarse en el Partido Demócrata de Estados Unidos, como hizo Juan Carlos de Borbón, que en el Partido Republicano del mismo país, como hicieron Pinochet y el resto de asesinos dictadores de América Latina.

Es decir, que no es lo mismo marcharse de un país y/o regresar a él cuando llevas una mochila de miles de muertos —crímenes de Estado es el término utilizado en toda América para estas intervenciones quirúrgicas auspiciadas y financiadas por los fascistas de Estados Unidos y ejecutadas por las fuerzas policiales armadas del país– que marcharte cuando te has burlado –como ha hecho gran parte de las élites del país– de tus compatriotas pobres. Que sí, que puede que sea la primera vez que Juan Carlos I no logra endilgarle a otro el muerto, como lleva haciendo toda su vida, pero continúa sin ser lo mismo Pinochet, Franco, Reagan, Thatcher, Nixon, Stroessner (Paraguay), Ríos Montt (Guatemala), Pétain (la Francia de Vichy), Kissinger, que Clinton, Carter o el propio Juan Carlos I.

Dicho lo cual… me figuro que el que está temblando en su casa ahora mismo es Felipe González. También para los desmemoriados, recuérdese que Pujol en su momento dijo –o predijo– que si caía él podrían caer nombre muy importantes.

 

Familia-real

La caída de los dioses… en versión hispano-griega

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La caduta degli dei  de Luchino Visconti

 

familia pujol

La caída de la familia real catalana

Sí, como dijo el gran sabio Alejandro Sanz: No es lo mismo ser que estar / No es lo mismo estar que quedarse, ¡qué va! / Tampoco quedarse es igual que parar / No es lo mismo. Será que ni somos, ni estamos ni nos pensamos quedar. Pero es distinto conformarse o pelear

 

 

 

 

Havana in 1950 – Nostalgia de La Habana

 

Dos horas de nostalgia de la arquitectura, el arte, las elites, la vida nocturna, el shopping y el estilo de vida de los años 50 en la capital cubana. Impagable la banda sonora. Nada dice, claro está, de la explotación que creó esa riqueza ni del analfabetismo y la desigualdad ni del gangsterismo. Pasa directamente a las imágenes de los ataques que finalmente dieron lugar al triunfo de los revolucionarios. Siempre nos quedaremos sin saber qué habría pasado si en el norte no gobernaran fascistas disfrazados de liberales.

“Empleos de verano: extra de cine” en Jot Down

Para aliviar con un poco de humor el ambiente negativo que se ha extendido con la pandemia, os invito a leer el artículo que publicó el jueves Jot Down. Uno de esos peculiares empleos que desempeñé, durante apenas una semana, mientras estudiaba el bachillerato, fue el de extra de cine en una película del inefable Ignacio F. Iquino, que llevaba el fastuoso título Las que empiezan a los quince años.

las que empiezan fotofija

Esta es la única imagen que se encuentra hoy en internet de la película. La diferencia de edad de los personaje es elocuente sobre su contenido.

La época y el personaje merecerían una visita en profundidad, pero de momento valga esta breve y cómica incursión mía en el new journalism.


«Yo era una esteta beligerante y una moralista apenas disimulada.»
Susan Sontag, Cuestión de énfasis

«¿Qué hacías en 1977?»
Francisco Casavella, Elevación, elegancia, entusiasmo

«Mejor que cargar con cestos de uva francesa y dormir hasta el rayar del alba en cuadras donde se hacinaban estudiantes pobres de Filosofía y Letras y curtidas familias de sureños resudados con sus churumbeles, yo prefería trabajar de extra en una película. Si resultaba una patochada pornográfica, lo asumía con mi típica filosofía mitómana de entonces: en peores plazas toreó Jane Fonda y mírala. Para mis adentros, humillada, con rencor: “Un día contaré esto en un libro”.

La película se titulaba Las que empiezan a los quince años (y solo alguien muy tonto preguntaría “las que empiezan ¿a qué?”), y es tan absurda, torpe e ingenuamente cutre que no se entiende que no se haya convertido en película de culto ni se haya hecho un remake. A lo mejor porque la película ya era una versión cutre y sórdida de Las adolescentes, de Pedro Masó. Puede que sí, habrá que considerarla una reescritura sarcástica del cine de iniciación a la vida. Y tan cercana a la vida de sus actores que, sin pretenderlo, el realizador rodó una peculiar historia de cinémavérité

Continúa aquí…….

hombres sin honor iquino

Mosaico de imágenes de películas de Iquino y un retrato de su juventud.