Tumba catumba, tumba catumba… Carosone políticamente incorrecto

¡Ay, qué tiempos cuando nuestros abuelos se pintaban un tatuaje con el pintalabios de la mamma!

EL PIEL ROJA YEYÉ


La letra no tiene desperdicio… Uh!, que no se enteren los americanos que nos reímos de sus indios de technicolor o nos arman guerra de civilizaciones.

Tumba Catumba… Tumba Catumba… Tumba Catumba… Tumba Catumba…
Uè! Uè! So’ Catumbo ‘o pellirossa ‘o cchiù bello d’ ‘a tribù.
Coro: Tumba Catumba… Tumba Catumba… Tumba Catumba… Tumba Catumba… Uè! Uè! So’ Catumbo ‘o pellirossa ‘o cchiù bello d’ ‘a tribù.
Coro: Tumba Catumba… Tumba Catumba… Tumba Catumba…
Tumba Catumba.
Comme me sceto me piazzo ‘a penna ‘ncapo e a’ faccia ‘e sti selvagge, io me faccio ‘nu tatuaggio col rossetto di mammà!
Tumba Catumba… Catumba mba!
Coro: Tumba Catumba… Tumba Catumba!…

Ritornello: So Catumbo ‘o pellirossa, tengo ‘a lancia e ‘a pippa ‘e gesso. Cca nisciuno me fa fesso!… Songo ‘o meglio d’ ‘a tribù! Chi me chiamma: “Freccia nera”. Chi me chiamma: “Penna gialla“. Uh! Ma ll’anema d’ ‘a palla!… Nun capisco niente cchiù!… Toro seduto” ‘a cca, Cavallo pazzo” ‘a llà, atturno a me se metteno a ballà
So’ Catumbo ‘o pellirossa, pellirossa americano… Uh! Che spasso a fa l’indiano col rossetto di mammà!…
Finale: Chi me chiamma: “Freccia nera”, Chi me chiamma: “Penna Gialla”.
Uh! Ma ll’anema d’ ‘a palla!… Nun capisco niente cchiù!…
So’ Catumbo ‘o pellirossa, pellirossa americano.
Uh! Che spasso a fa l’indiano col rossetto di mammà!…

Sombras en el Valle: “Valle inquietante” de Anna Wiener en Mercurio

Hoy publica la revista Mercurio mi reseña de Valle inquietante, la crónica de la joven periodista Anna Wiener de su paso por el mundo de las start-up de San Francisco. Conviene señalar dos cosas: que yo sepa, siempre se han vendido datos, probablemente nunca en un volumen como el actual pero solo porque antes no se disponía de los medios tecnológicos y los recursos para tratar esos datos. Cuando trabajé en el Departamento de Audiencia de la radio y la televisión (la tv y radio catalanas, de TV3, Catalunya Ràdio y filiales para entendernos), los datos de audiencia servían, entre otros objetivos, para vender espacios de publicidad a las empresas. El precio de los espacios no se determinaba exclusivamente por la cantidad de gente que viera tal o cual programa o dentro de la franja horaria de los diferentes prime-time, sino que también era relevante lo afinado de la definición del espectador-consumidor tipo de las diferentes franjas horarias.

Valle inquietante demuestra, por otro lado, el interés e importancia que se concede al mundo cultural norteamericano. Baste comparar la repercusión que está teniendo esta crónica –inteligente, aunque demasiado calculada para mi gusto en el golpe que pretende dar– con la nula repercusión que tienen en España libros que pretenden criticar nuestro sistema cultural: el último libro de Marsé o las memorias del editor Salinas son un buen ejemplo: han sido despreciados o suavizados. Solo se acepta la adulación y la hagiografía, una perspectiva infantilizada de la realidad o una selección de quién puede decir qué, de tal modo que el nombre propio –el estrellato, por así decir– neutraliza la pupa que pueda hacer la crítica.

Aquí la reseña completa.

«Mediante la oposición entre el mundo analógico, representado por sus amigos y colegas de Nueva York, precarios empleados en un mundillo editorial y artístico cada vez más proletarizado, y el de la revolución empresarial, tecnológica y de estilo de vida impulsada por el fenómeno de Silicon Valley, Valle inquietante describe con mucha inteligencia, ráfagas de humor y capacidad de síntesis, las aristas y puntos negros de lo que en Estados Unidos se llama «meritocracia», el sexismo flagrante obviado en aras de la productividad, el sistema de trabajo agotador, el infantilismo que no excluye el acoso sexual y moral, las disparidades de sueldo y de beneficios entre trabajadores, dentro de empresas que se jactan de ofrecer no solo condiciones humanas sino las ventajas de un utopismo tecnológico.»
El analista de datos de House  of Cards, interpretado por un histriónico Damian Young. Obsérvese que en la realidad el análisis de datos, y su interpretación, puede ser un proceso en parte subjetivo y sometido a cierta desviación ideológica –las cifras no son asépticas–, pero la recopilación de datos es obra de procesos y de programas diseñados ad hoc y, por lo tanto, es un trabajo que puede realizar cualquier especialista con una formación adecuada, como bien explica Anna Wiener. Sin embargo, para sugerir al espectador que el uso de los datos con fines partidistas, como se ve en la serie de Kevin Spacey y Robin Wright, es siniestro y su finalidad es controlar y manipular la percepción de la realidad del ciudadano/votante/consumidor al emitir mensajes en beneficio del candidato, se dota al personaje del analista de datos masivos, un hombre ya maduro, de rasgos propios del taumaturgo, del mago de circo de cine mudo, del Fausto –la eterna juventud mental– junto con otros como la drogadicción, un carácter cínico y una inteligencia visionaria (recuérdese su análisis de la música jazz).
En esta página, Towards data science, se analiza qué hay de correcto y de incorrecto en la descripción del análisis de datos en las dos últimas temporadas de House of Cards