Alberto García Alix en conversación

 

A partir del minuto ’30 empieza a soltarse. Es un artista como la copa de un pino al que vale la pena escuchar por sus reflexiones, sus manías, sus humorismos… Yo, que estoy con ganas de volver a la analógica, voy encontrando más y más razones. Y cuando dice que «el esplendor del verde» le fastidia, ya me ha ganado.

Susana y Alberto

Los inquietos, de Linn Ullmann en Mercurio

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Crónica, memorias de infancia y madurez, libro de duelo de Linn Ullmann… En todo caso, es una lectura muy recomendable por más que en algunos momentos parece sumergirse en recuerdos intrascendentes, que solo pueden parecerle importantes a su autora. Demuestra su buen oficio y talento al conseguir encajar todos los recuerdos y reflexiones  en el conjunto. Por supuesto, la mirada sobre Ingmar Bergman como padre y mentor da sustancia al proyecto literario que supone exhumar las cintas grabadas en el último año de su vida.
Me ha llamado la atención la importancia que da a sus sensaciones infantiles de no ser bastante guapa, no poder llegar a ser tan hermosa como su madre, la famosa Liv Ullmann –a mí no me parecía especialmente bella, pero debía de pasar por tal en su juventud–, y la ansiedad, la neurosis, el descontento, la rivalidad o la hostilidad que genera en su relación. Lo llamo el «síndrome del hijo de estrella de cine», es un «fenómeno» que he leído y observado en artistas o intelectuales que tuvieron un tipo de madre muy concreto, la que no les dedicó un tiempo para ser solo madre; bien vestida y maquillada para una vida social que la mantenía apartada del rol materno, impone a los hijos la presencia de sus «hombres»… La madre en cuestión no es necesariamente una estrella de cine, pero sí acostumbra a ser muy guapa y tiene un perfil social o profesional donde su buen aspecto físico es muy importante. Por mencionar dos personajes notables que en sus memorias trazan un retrato inclemente de la madre por este motivo: François Truffaut -hijo de padre desconocido, relaciones pésimas con la madre, dura con él en el trato y veleidosa–; la actriz Maria Schneider –madre soltera y de profesión modelo, padre conocido pero distante–.
Un fragmento de la reseña:

con el argumento de Los inquietos: la hija del director evoca, a más de un lustro de la muerte del padre, su relación con sus progenitores y trata de hacer realidad el proyecto que acordó con él, escribir «un libro sobre la vejez». Siguiendo un ritual que el deterioro físico y mental de Bergman hacía cada vez más difícil, se reunían para grabar conversaciones en la casa que él construyó en la isla de Farö donde de niña Ullmann pasaba sus veranos y el padre se instaló para vivir sus últimos años.

que puede leerse entera en Islas y recuerdos.ullmann_liv -retrato joven bn

Liv Ullmann, actriz musa de Ingmar Bergman, es también directora de cine y escritora.

Está feo señalar con el dedo: sobre «Ça-a-été? Contra Barthes», Expo de Joan Fontcuberta

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«ESTÁ FEO SEÑALAR CON EL DEDO»

Algunas reflexiones y cuestiones suscitadas por la interesante exposicion que Joan Fontcuberta presentaba en una sala -muy bien aprovechada- del Palau de la Virreina, hasta ayer mismo, que se publican hoy en Mercurio

«En la exposición que presenta el Palau de la Virreina discute uno de los ejes de las tesis que Roland Barthes desarrolla en La cámara lúcida, según la cual la fotografía muestra de manera indiscutible lo que «ha sido». Fontcuberta selecciona una extensa serie de truculentas fotos de prensa en blanco y negro, recuperadas de la desaparecida publicación mexicana sensacionalista Alerta, revista llamada allí de nota roja, o de crímenes y catástrofes, de sucesos en España, de perros atropellados en Francia. En casi todas esas fotos se ve al lado del cuerpo del delito o junto al criminal detenido una persona señalando con el dedo, bien el punto donde está la herida principal o al sujeto culpable, con el fin de refutar precisamente el concepto ça-a-été.»

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Paparazzi, de Jacques Rozier

Jacques Rozier, director emblemático de la nouvelle vague, aunque menos conocido que sus colegas Truffaut, Varda o Godard, es el autor de este film corto, Paparazzi, sobre el rodaje de Le Mépris (1963), de JL Godard, con BB, perseguida hasta el agotamiento por los paparazzi, y Michel Piccoli. La voz en off se dirige a la actriz tuteándola y narra las imágenes, presa de los teleobjetivos de los «fotoperiodistas», convertidos a su vez en protagonistas y en figuras definitorias de la época. (Me pregunto cuál es el género que corresponde a este tipo de cine que mezcla lo documental con elementos narrativos que determinan la interpretación)
El acoso a la diva fue el argumento de otra película de esos mismos años, Vie privée, de Louis Malle, de calidad discutible pero con la virtud de mostrar los cambios sociológicos ligados a un nuevo concepto de la cultura popular y del consumo de cine: la degradación de la imagen de Brigitte Bardot fue, posiblemente, consecuencia de su condición de actriz mejor pagada del cine francés. Películas adelantadas a su tiempo por las ideas en que se sustentaban eran deliberadamente tergiversadas en pro de un consumo escandaloso y reaccionario.

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El plagio, los plagios, la ruina

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Por desgracia, mucha gente cree que el plagio de una obra no estrenada, de un texto inédito, es un simple contratiempo en la vida de un escritor. Para contradecir ese error y desmentir a quienes creen que basta con seguir intentándolo, que basta con denunciar y esperar a que la justicia te de la razón, recomiendo empezar leyendo la sobrecogedora reseña que publicaba este fin de semana Mercurio a propósito de una crónica titulada justamente así: El plagio, de Daniel Jiménez.
El plagio tiene un coste económico para la víctima, sobre todo cuando hay razones para creer que en cualquier caso habría tenido un rendimiento. Contemplada a distancia, la ruina es un hermoso espectáculo. En el día a día obliga a replantear cualquier proyecto.

La reseña empieza así:

Juan Jiménez es una persona real, tiene setenta y cinco años, está jubilado, desde que ha sido desahuciado de su casa reside en un pequeño pueblecito y recibe una pensión mínima con la que apenas llega a fin de mes. Juan Jiménez es músico y fue, durante más de cincuenta años, miembro de la banda Los pekenikes, una formación nacida en 1959 que supuso uno de los mayores éxitos discográficos de la industria del pop español:

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Por mi parte, continúo informándome sobre el plagio. Tenía interés en averiguar qué dice el psicoanálisis sobre estos fraudes que importan por partida doble a la reputación y, además de la tesis de la que hablé un poco en otro post, he dado con un título emblemático, Voleurs de mots, del psicoanalista y escritor Michel Schneider. Schneider, del que se han traducido algunas novelas y un par de ensayos al español, es el padre de la escritora y periodista Vanessa Schneider, autora del libro que recuerda y homenajea a su prima, la protagonista de El último tango en París.

Voleurs de mots -Schneider

Estoy en plena lectura de Ladrones de palabras y es una obra profunda en conceptos y en ideas, sin disuasorios enrevesamientos lacanianos. Toma conceptos del psicoanálisis y los aplica al fenómeno del plagio, muy extendido entre escritores que consideramos canónicos, y no solo, pues dedica una parte sustancial a tratar de plagios que sufrió Freud y del que propició al comentarle las reflexiones que mantenía con el autor de la teoría original –sobre bisexualidad–. En el mundo «moderno» las víctimas de plagio suelen tener un perfil poco interesante desde el punto de vista comercial –cuando no se nos/los trata de pobres diablos, fantasiosos, mitómanos, es decir de locos–. El que no se traduzcan ensayos como este y que el tema no sea objeto de reflexiones originales en nuestro país -salvo repetir el bobo «todo lo que no es tradición es plagio»– demuestra cómo se desarma intelectualmente a la población de perspectivas elaboradas que enlacen diferentes disciplinas.

Se nos dice que no hay mercado para este tipo de ensayo, tampoco para crónicas como la de Vincenzo Calia y Pisù sobre El caso Mattei… El fastidio es que hay demasiado mercado para novelas de policías, ladrones, asesinos y otros malhechores de cartón piedra que fomentan el cinismo y la resignación, el escepticismo frente a las denuncias del fraude y ante la mera posibilidad de que se haga justicia.

Monica Vitti, la musa inteligente

Hasta la Italia de los años ’70 se dio cuenta de que Monica Vitti era muy inteligente. En el video de arriba relata cómo la decepción de la presentación en Cannes de L’avventura se transformó en una experiencia muy grata al recibir, en la mañana siguiente a su estreno, una carta firmada por los directores más importantes y modernos que habían asistido a la proyección en apoyo de la película de Antonioni.
Otra película inolvidable, El eclipse, con Alain Delon, una crítica al progreso marcado por la especulación y la amenaza nuclear.