Mis favoritos para la clonación: Jean-Paul Belmondo (Bébel)

Aquí, el homenaje que le dedica hoy en Editorial Le Monde

DE LA HABANA HA VENIDO UN BARCO CARGADO DE...

belmondo-sebergBelmondo – Seberg -en à bout du souffle

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A bout de souffle -JL Godard, Fotos en: cinema of France

Abajo, un pequeño pero importante papel dramático con Sophia Loren en La ciociara, de Vittorio de  Sica

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Le Magnifique, de Philippe de Brocca, 1973. Maravillosa parodia de las películas de agentes secretos 😉 Con la bellísima Jacqueline Bisset. A ambos se les nota el disfrute en cada escena.

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Resumen en francés del argumento del blog Le nouveau cinéphile:

François Merlin, un modeste écrivain, tente d’écrire les prochaines aventures de l’agent secret Bob Saint‑Clar. Cela donne lieu à une alternance entre les scènes de la vie quotidienne du romancier de petite envergure et les mission de Bob Saint‑Clar, où Belmondo en fait plus que jamais des tonnes. Une parodie des films d’espionnages, très réussie, alternant humour, gags hilarant et décalés, et action. Jean Dujardin s’est d’ailleurs…

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Al borde de todo: La piscina, de Jacques Deray

Delon con las gafas de sol Vuarnet 06 de Dior


Ya puede leerse en Jotdown mi artículo dedicado a la película de J. Deray, protagonizada por Alain Delon, Romy Schneider, Maurice Ronet y Jane Birkin. Tiene una segunda parte dedicada al remake de Luca Guadagnino, A Bigger Splash, que se publicará en las próximas semanas. La piscina tiene más miga de lo que parece; justo lo contrario de la de Guadagnino, que siempre se queda al borde de todo, es decir al borde de lo que importa.

Varios carteles de la película. El de abajo es claramente “inspiración Hockney”Delon tuvo ojo como productor: impuso a Romy como partenaire. De aquí saldría una actriz nueva. Claude Sautet pidió a Deray ver escenas en el montaje, pues le habían llegado comentarios de lo bien que estaba Romy y andaba buscando actriz para su próxima película.  A La piscina tenemos que agradecerle, por lo menos, Las cosas de la vida, Max y los chatarreros, Lo importante es amar… Marianne (Romy Schneider) y Harry (Maurice Ronet) salen a hacer las compras a Saint Tropez mientras Jean Paul se queda en casa. Los viejos amantes hablan de las frustraciones de Jean-Paul: intento de suicidio, ha dejado de beber, fracasó su novela, ahora remonta gracias a ella. Los dos grandes amigos, Ronet y Delon, compartían una misma simpatía por la ultraderecha francesa. Se cuenta que la Schneider, de origen alemán, llevaba muy mal la cercanía de su madre, conocida actriz del momento, a ciertos jerarcas nazis.
No se puede negar que los actores de esta época tenían vidas más intensas e interesantes que las estrellas del cine de hoy, por lo general muy lacios y con una imagen estandarizada, como prefabricados por las grandes productoras.

Jacques Audiard en Arte tv

Audiard-rouille et os

En Arte TV dedican un interesante programa a uno de los mejores directores de cine francés de los últimos años: Jacques Audiard. Desde Regarde les hommes tomber, Sur les lèvres, De battre mon coeur s’est arrêté, Un prophète o De rouille et d’os (en la foto), ha demostrado ser un gran creador de personajes.

Iconoclastas

godard garrel mal genio

Para seguir con el tono del artículo “Empleos de verano”, es decir para jugar a la iconoclastia de los temas emblemáticos de la teoría de los años 60 y 70, recomiendo leer un libro al que ya me he referido en otro momento, La séptima función del lenguaje, del versátil Laurent Binet, y la película del ganador del óscar por The Artist, Hazanavicius, Le redoutable (Temible).

Le redoutable es una adaptación al cine de Une année studieuse [Un año ajetreado], escrito por la amante de Jean-Luc Godard, la actriz Anne Wiazemsky, luego escritora y directora de cine, que narra la relación con el célebre director de La chinoise. La versión cinematográfica es divertida, iconoclasta en el sentido que ridiculiza al genial director, y está cargada de alusiones meta-cinematográficas. Desde el punto de visto de Hazanavicius -y probablemente del de la actriz y escritora- Godard es un personaje patético, payasesco y, naturalmente, machista. Como en el caso de Binet, una se ríe a gusto pero sin compartir ni el punto de vista ni el tono de la película. Para mí lo sobresaliente es cómo Louis Garrel defiende a su personaje. Garrel, hijo de un conocido director de cine francés justamente de la época gloriosa, está adquiriendo un nivel que lo convierte en presencia indiscutible del cine de hoy. Aquí, su famosa tupida melena se convierte en una calva nada incipiente y las icónicas gafas de pasta de Godard conocen más de una y de dos veces el contacto del suelo… Este recurso chaplinesco no deja de tener un significado simbólico: en un momento de ebullición histórica como fueron los 60, con el punto álgido en las protestas y reivindicaciones del 68, se nos dice que su mirada no acertaba a ver la realidad con precisión porque su instrumento –las gafas como símbolo de elaboración de lo visto– quedaban inútiles una y otra vez.

Vaya por delante que la actriz, la flaquísima y autosatisfecha Stacy Martin, no me gusta nada, aunque la confianza en sí misma que demuestra como actriz, y en su propio cuerpo, permiten que la película llegue hasta el final sin demasiado tropiezo, pero me cuesta no pensar en el carisma de las actrices de la época, incluida la auténtica Wiazemsky, o Anna Karina, ya no digamos las grandes divas.

Godard aparece retratado como un machista muy desagradable, y no hay por qué dudar de los recuerdos de su joven pareja. Sin embargo, no me convence cómo representa la confusión de Godard respecto a las exigencias participativas de las clases trabajadoras, y cómo esta exigencia de participar en la batalla suponía discutir el concepto de “genio” que se le endilgó a él desde su rompedora aparición en À bout de souffle. Es divertido como comedia, del mismo modo que las ácidas descripciones y escenas que Binet inserta para burlarse de Sollers y Kristeva –los únicos que siguen vivos de todo el santoral setentero y que amenazaron con denunciarle– son hilarantes. Pero esa burla, esa parodia, en ambos casos –Binet es más inteligente– deja de lado la sustancia que convirtió a estos intelectuales en figuras de referencia. Para un joven espectador que vea Mal genio (traducción elocuente), Godard no fue más que un misógino, pedante y ególatra director de cine de filmes entre políticos y románticos. Y como, en aras de atraer al público más amplio posible, se obvia la potencia intelectual de Godard –pese a desastres como algunas cintas infumables que expulsaron de las salas de cine incluso a los más fieles–, no se transmite acertadamente la contradicción que experimentaba el cineasta entre su voluntad artística y la conciencia de deber participar en la revolución de su tiempo.

Dicho de otro modo, no es fácil para un lector no leído, no enterado de las contradicciones de la década, advertir que el drama de Godard fue que empatizó demasiado con un movimiento que no le pedía, según él creía, renunciar a su identidad genial, disolverse en el colectivo, por usar la  terminología de la época. Resulta más fácil entenderlo si se compara con la actitud de Pasolini en relación al movimiento estudiantil-revolucionario. Dado que el italiano tenía un punto de vista hipercrítico hacia el desarrollo económico y las consecuencias en términos de consumo que acompañaron a la década del despegue, nunca se puso de lado de los estudiantes y así recibió una sonora pitada precisamente en la Sorbona. El arte, la poesía, el cine, eran formas de expresión autónomas y él como autor, intelectual, artista, entendía esas revoluciones como formas sofisticadas del progreso consumista de la evolución del capitalismo industrial. Por ser un hijo rebelde de la pequeña burguesía, y homosexual, Pasolini no tenía complejo de culpa respecto de sus iguales, mientras que Godard, artista genial hijo de un banquero suizo –repito: BANQUERO SUIZO–, sentía la necesidad de acompañar las impugnaciones a la totalidad de sus coetáneos. El contexto político era bastante diferente de un país a otro.

De manera que Le redoutable es divertida, iconoclasta pero, como protesta con razón Louis Garrel, una siente la necesidad de defender a Godard, no de justificar su misoginia ni su vanidad, sino su lealtad a la transformación profunda de la figura del artista e intelectual del momento. Si uno lee a Deleuze y a Godard, advertirá que  el director de cine se hace eco de las reflexiones del primero. En conclusión, quizá de lo que se trata –dejando de lado los problemas a la hora de elegir a la pareja adecuada– es de ser más exigentes con nostros mismos para ponernos a la altura de Godard, Barthes, Kristeva e tutti quanti, en lugar de aparcarlos, de denigrarlos con lecturas reduccionistas para ser tan mediocres y pactistas como conviene a los Hazanavicius de cada día.

La belle personne o la Princesa de Clèves en el s. XXI

 

La belle personne, del director francés Christope Honoré, protagonizada por  Léa Seydoux y Louis Garrel, es una adaptación del clásico La Princesse de Clèves, cuya lectura recomiendo, no solo porque es una gran pequeña novela, también porque se capta mejor el juego que introduce el director al abordar temas afines al presente. El resultado es muy digno, los actores están bien dirigidos sin apartarse de ese tópico de los jóvenes franceses de clase alta expertos en los lances amorosos y da qué pensar –en el mejor sentido de la expresión– cómo Honoré logra convertir en tema central un equívoco que implica a dos personajes secundarios. Una manera de “hacer suyo” el argumento …

…y si parece enigmático este resumen es porque no quiero revelar los rebotes de la líneas argumentales, entre otras cosas porque son escasas y no quedaría mucho donde hincar el diente como espectadores.

Es llamativa la fascinación de los franceses por sus clásicos. Al respecto, cae a peso recordar La Vie d’Adèle, de Abdellatif Kechiche, –que me pareció tristísima –: los fragmentos que el profesor de literatura francesa lee en voz alta durante sus clases funcionan como correlato de las emociones que experimenta la protagonista. Habitualmente, el género del libro indica al espectador la lectura/interpretación que cabe hacer de la trama amorosa que pone en escena. No es lo mismo el romanticismo filosófico de La princesa de Clèves que los equívocos de La vie de Marianne de Marivaux, ni los personajes femeninos de las tragedias griegas.

Es difícil imaginar una película española que juegue con tales referencias y no será porque nos falten clásicos ni grandes autores en lengua hispana.

Delon Un actor

Alain Delon, que el 8 de noviembre cumple años… 84

Siempre lo había considerado un actor sobre todo guapo de la generación de mis padres… hasta que vi en el Instituto Francés de Barcelona -imposible que una película así pasara por los cines, siquiera de arte y ensayo– LES ACTEURS, de Bernard Blier, de 1999… con todos toditos todos los actores emblemáticos de un país que acumulaba en ese momento varias generaciones de superestrellas. Pero cuando aparece Delon entre las sombras de la noche, suelta un parlamento a cámara que es lo mejor de esta película, ultrafrancesa en el mejor de los sentidos. Abajo, el making of, rodaje de un par de escenas importantes, la del restaurante y la calle; sí aparecen Belmondo y Piccoli pero no AD, la figura misteriosa en el conjunto.

Ah, qué personaje este Delon.