Whatever Lola Wants

Cuando una extraterrestre pelirroja y esmirriadilla intenta seducir a un terrestre joven y bien alimentado… (De Damn Yankees, con Gwen Verdon -pareja del coreógrafo Bob Fosse–. Si lo que cuentan los noticiarios últimamente sobre avistamiento de ovnis es cierto, es mejor que nos vayamos preparando para escenas como la del vestuario…

avistamiento de ovnis - USA

Y la versión clásica…

Si Proust y Baudelaire se encarnaran en un gato… Le Chat Noir

Están los gatos de internet, espécimenes de la moninidad… y luego está Henri, Le Chat Noir. Como a sus millones de seguidores, me encanta con su mezcla de spleen baudelairien, su mépris kierkegaardiano y su acento so so proustien… Solo un americano, Will Braden, podía poner el gran siglo francés a la altura de nuestra decadencia 😀 😀

Pedro Sánchez y Errejón se despiden de Iglesias

Pedro Sánchez le dice adiós a Pablo: Six months with nothing other
Than a duvet and a jug of water
It’s a chemical jackpot babe
And we’ve got the winning number
Give me the first six months of love
Give me the first six months of love
Before the truth comes spilling out
Before you open your big mouth
One of the finest things in life
Gone on a serotonin ride

God knows I’ve waited long enough
Give me the first six months
First six months of love

 Íñigo Errejón le da calabazas a Iglesias: ah, sí, I’m a Party Girl…

 I just met them tonight and I feel like such a star
What’s your name
What’s your art
Nobody knows
About my broken heart
Yes I’m a party girl
Crazy girl
See my lips, how they move
Can’t you see
I’m a natural

Life of a party girl
Sexy girl
I used to be so fragile
But now I’m so wild
What did you do last night?
Oh, I was out so late,
now I’m so tired

What did you do last night?
Oh, I was out so late,
now I’m so tired

I’m a party girl

Elliot Erwitt, para disfrutar

El legendario fotógrafo Elliot Erwitt aparece aquí en una conferencia donde presentó una selección muy personal de sus fotografías, algunas sin más comentario que las carcajadas de los asistentes. Como él dice bien, a veces también toca temas serios. Entre ellos, la familia y los perros. Una lección e inspiración inagotables, para mirar a nuestro alrededor con ojos vivos. Es más fácil con la discreción de una leica.
Se echa de menos el buen blanco y negro, ¿verdad?

Iconoclastas

godard garrel mal genio

Para seguir con el tono del artículo “Empleos de verano”, es decir para jugar a la iconoclastia de los temas emblemáticos de la teoría de los años 60 y 70, recomiendo leer un libro al que ya me he referido en otro momento, La séptima función del lenguaje, del versátil Laurent Binet, y la película del ganador del óscar por The Artist, Hazanavicius, Le redoutable (Temible).

Le redoutable es una adaptación al cine de Une année studieuse [Un año ajetreado], escrito por la amante de Jean-Luc Godard, la actriz Anne Wiazemsky, luego escritora y directora de cine, que narra la relación con el célebre director de La chinoise. La versión cinematográfica es divertida, iconoclasta en el sentido que ridiculiza al genial director, y está cargada de alusiones meta-cinematográficas. Desde el punto de visto de Hazanavicius -y probablemente del de la actriz y escritora- Godard es un personaje patético, payasesco y, naturalmente, machista. Como en el caso de Binet, una se ríe a gusto pero sin compartir ni el punto de vista ni el tono de la película. Para mí lo sobresaliente es cómo Louis Garrel defiende a su personaje. Garrel, hijo de un conocido director de cine francés justamente de la época gloriosa, está adquiriendo un nivel que lo convierte en presencia indiscutible del cine de hoy. Aquí, su famosa tupida melena se convierte en una calva nada incipiente y las icónicas gafas de pasta de Godard conocen más de una y de dos veces el contacto del suelo… Este recurso chaplinesco no deja de tener un significado simbólico: en un momento de ebullición histórica como fueron los 60, con el punto álgido en las protestas y reivindicaciones del 68, se nos dice que su mirada no acertaba a ver la realidad con precisión porque su instrumento –las gafas como símbolo de elaboración de lo visto– quedaban inútiles una y otra vez.

Vaya por delante que la actriz, la flaquísima y autosatisfecha Stacy Martin, no me gusta nada, aunque la confianza en sí misma que demuestra como actriz, y en su propio cuerpo, permiten que la película llegue hasta el final sin demasiado tropiezo, pero me cuesta no pensar en el carisma de las actrices de la época, incluida la auténtica Wiazemsky, o Anna Karina, ya no digamos las grandes divas.

Godard aparece retratado como un machista muy desagradable, y no hay por qué dudar de los recuerdos de su joven pareja. Sin embargo, no me convence cómo representa la confusión de Godard respecto a las exigencias participativas de las clases trabajadoras, y cómo esta exigencia de participar en la batalla suponía discutir el concepto de “genio” que se le endilgó a él desde su rompedora aparición en À bout de souffle. Es divertido como comedia, del mismo modo que las ácidas descripciones y escenas que Binet inserta para burlarse de Sollers y Kristeva –los únicos que siguen vivos de todo el santoral setentero y que amenazaron con denunciarle– son hilarantes. Pero esa burla, esa parodia, en ambos casos –Binet es más inteligente– deja de lado la sustancia que convirtió a estos intelectuales en figuras de referencia. Para un joven espectador que vea Mal genio (traducción elocuente), Godard no fue más que un misógino, pedante y ególatra director de cine de filmes entre políticos y románticos. Y como, en aras de atraer al público más amplio posible, se obvia la potencia intelectual de Godard –pese a desastres como algunas cintas infumables que expulsaron de las salas de cine incluso a los más fieles–, no se transmite acertadamente la contradicción que experimentaba el cineasta entre su voluntad artística y la conciencia de deber participar en la revolución de su tiempo.

Dicho de otro modo, no es fácil para un lector no leído, no enterado de las contradicciones de la década, advertir que el drama de Godard fue que empatizó demasiado con un movimiento que no le pedía, según él creía, renunciar a su identidad genial, disolverse en el colectivo, por usar la  terminología de la época. Resulta más fácil entenderlo si se compara con la actitud de Pasolini en relación al movimiento estudiantil-revolucionario. Dado que el italiano tenía un punto de vista hipercrítico hacia el desarrollo económico y las consecuencias en términos de consumo que acompañaron a la década del despegue, nunca se puso de lado de los estudiantes y así recibió una sonora pitada precisamente en la Sorbona. El arte, la poesía, el cine, eran formas de expresión autónomas y él como autor, intelectual, artista, entendía esas revoluciones como formas sofisticadas del progreso consumista de la evolución del capitalismo industrial. Por ser un hijo rebelde de la pequeña burguesía, y homosexual, Pasolini no tenía complejo de culpa respecto de sus iguales, mientras que Godard, artista genial hijo de un banquero suizo –repito: BANQUERO SUIZO–, sentía la necesidad de acompañar las impugnaciones a la totalidad de sus coetáneos. El contexto político era bastante diferente de un país a otro.

De manera que Le redoutable es divertida, iconoclasta pero, como protesta con razón Louis Garrel, una siente la necesidad de defender a Godard, no de justificar su misoginia ni su vanidad, sino su lealtad a la transformación profunda de la figura del artista e intelectual del momento. Si uno lee a Deleuze y a Godard, advertirá que  el director de cine se hace eco de las reflexiones del primero. En conclusión, quizá de lo que se trata –dejando de lado los problemas a la hora de elegir a la pareja adecuada– es de ser más exigentes con nostros mismos para ponernos a la altura de Godard, Barthes, Kristeva e tutti quanti, en lugar de aparcarlos, de denigrarlos con lecturas reduccionistas para ser tan mediocres y pactistas como conviene a los Hazanavicius de cada día.

“Empleos de verano: extra de cine” en Jot Down

Para aliviar con un poco de humor el ambiente negativo que se ha extendido con la pandemia, os invito a leer el artículo que publicó el jueves Jot Down. Uno de esos peculiares empleos que desempeñé, durante apenas una semana, mientras estudiaba el bachillerato, fue el de extra de cine en una película del inefable Ignacio F. Iquino, que llevaba el fastuoso título Las que empiezan a los quince años.

las que empiezan fotofija

Esta es la única imagen que se encuentra hoy en internet de la película. La diferencia de edad de los personaje es elocuente sobre su contenido.

La época y el personaje merecerían una visita en profundidad, pero de momento valga esta breve y cómica incursión mía en el new journalism.


«Yo era una esteta beligerante y una moralista apenas disimulada.»
Susan Sontag, Cuestión de énfasis

«¿Qué hacías en 1977?»
Francisco Casavella, Elevación, elegancia, entusiasmo

«Mejor que cargar con cestos de uva francesa y dormir hasta el rayar del alba en cuadras donde se hacinaban estudiantes pobres de Filosofía y Letras y curtidas familias de sureños resudados con sus churumbeles, yo prefería trabajar de extra en una película. Si resultaba una patochada pornográfica, lo asumía con mi típica filosofía mitómana de entonces: en peores plazas toreó Jane Fonda y mírala. Para mis adentros, humillada, con rencor: “Un día contaré esto en un libro”.

La película se titulaba Las que empiezan a los quince años (y solo alguien muy tonto preguntaría “las que empiezan ¿a qué?”), y es tan absurda, torpe e ingenuamente cutre que no se entiende que no se haya convertido en película de culto ni se haya hecho un remake. A lo mejor porque la película ya era una versión cutre y sórdida de Las adolescentes, de Pedro Masó. Puede que sí, habrá que considerarla una reescritura sarcástica del cine de iniciación a la vida. Y tan cercana a la vida de sus actores que, sin pretenderlo, el realizador rodó una peculiar historia de cinémavérité

Continúa aquí…….

hombres sin honor iquino

Mosaico de imágenes de películas de Iquino y un retrato de su juventud.

Porque la vida de TODOS LOS NEGROS importa…

Hollywood Boulevard – Los Angeles Times photo

QUIERO CONOCER AL NEGRO QUE LE ESCRIBE / REESCRIBE LAS NOVELAS A PILAR RAHOLA EN LA  EDITORIAL PLANETA

..porque yo fui la negra que le reescribió de arriba abajo, en correcto castellano, sus dos pseudoensayos pseudofeministas para Planeta-No Ficción… (mientras el editor me incordiaba para llevarme al catre Y ME PAGABAN MISERIAS QUE NO DABAN PARA SUBSISTIR CON DECORO).

La Rahola sale desde hace tiempo a cazar nazis, pero si la época fuese otra lo mismo estaría en las filas contrarias, igual que saltó de un partido de izquierdas a otro de derechas, que le garantizaba entonces una vibrante prosperidad.

Más información en: LOS NEGROS DEL TRADUCTOR en El Trujamán (el insigne escritor del que se habla es Sánchez Dragó y el traductor Serrat Crespo).