Esteve Lucerón – La Perona – UPIFC

Hoy estreno exposición en ARCHIVO FOTOGRÁFICO DE BCN

ABOUT PASSION -- De fotografía y otros entusiasmos

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Copyright de todas las imágenes: Esteve Lucerón.

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Copias para exposición  realizadas en papel baritado por Jordi Gratacós (UPIFC)

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Esteve Lucerón (Pobla de Segur, 1950) realizó desde 1980 un trabajo de documentación fotográfica del poblado barraquista de La Perona, que se prolongó durante unos diez años y terminó coincidiendo con la erradicación del barrio.
La UPIFC –el sindicato de fotoperiodistas de Cataluña, del que soy socia por aquello de las afinidades electivas– acaba de publicar un número de su AGENDA sobre  este trabajo, acompañado de un interesante y prolijo estudio –en catalán–, sobre el barraquismo como fenómeno social en la Barcelona del siglo XX.

Hay un contraste evidente entre el estilo del estudio, firmado por Xavi Camino Vallhonrat y Pili Díaz Giner, de tono universitario y cargado de los eufemismos establecidos –«colectivo gitano»– con críticas muy suavizadas a las instituciones políticas, con las imágenes, muy directas, con personas mirando a cámara, desafiantes, cómplices histriónicas o…

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¡Tongo!, en Mercurio

ERWIN OLAF the boxing school

Desde hoy puede leerse en la revista Mercurio mi relato ¡Tongo! Se publicó hace años en papel en México, ahora está accesible vía digital desde España.

Un fragmento:

¿La prosperidad lo había cambiado? No lo sé. Probablemente el cambio estaba en la seguridad en sí mismo. En cualquier caso, no exhibía el gesto de alarma, de desconfianza, de belicosidad susceptible de entonces, y cuando se dirigió a mí y me habló, no sé si sabiendo o no que era yo, no dudaba que lo entendería como una orden y no como un encargo o una pregunta para cerciorarse de que había entrado en nuestra pequeña productora de contenidos audiovisuales y editoriales. Él sabía que no rechazaría el trabajo porque venía enviado por un jefe, no Alain o Luigi o Quim, sino uno de los verdaderos jefes de las teles: los italianos que nos compran programas, contratan anuncios, cortometrajes, guiones, proyectos, ideas.
Dijo, y estaba eufórico:

—Me voy a llevar un premio. 25.000 dólares. Tienes que corregirme la novela.

La soltó encima de la mesa. La novela. Porque en todo el mundo no había otra. Nadie antes ni nadie después escribiría una novela. Así traía él su novela premiada de antemano por lo que, como si yo fuese parte del tinglado del premio amañado, me ocuparía de corregirla, diciendo a todo amén. Ni una vacilación suya ni objeciones mías. Solo comas, punto y seguido, concordancias de género y número, puntos y aparte.

Fotos de Erwin Olaf.
1) The Boxing School. Hope (2005)
2) Berlin. Portrait 7, (2012)

Gran Sol, de Ignacio Aldecoa, entre novela y reportaje, en El Rinconete

La novela de Aldecoa está despertando curiosidad entre los lectores a partir de la nueva novela de Antonio Lucas «Buena mar», que se ha inspirado en Gran sol…

DE LA HABANA HA VENIDO UN BARCO CARGADO DE...

La novela Gran Sol (1957) pertenece a una de las trilogías que Ignacio Aldecoa (1925-1969) planeaba escribir dedicada a lo que llamó «la épica de los oficios». Una de ellas debía tratar de la vida de los guardias civiles, los gitanos y los toreros. Otra versaría sobre los oficios del mar, que es precisamente Gran Sol, Premio de la Crítica de 1958. Su última novela, Parte de una historia (1967), da gran protagonismo a la población marinera de la isla canaria de La Graciosa, si bien no encaja estrictamente dentro del ciclo. Su muerte temprana impidió a Aldecoa culminar su proyecto narrativo, aunque dejó una extensa obra cuyo reconocimiento llegó pocos años después de fallecer, tanto de parte de estudiosos de la literatura española como de estilistas del lenguaje como Francisco Umbral. Y es que, por encima del tema que Aldecoa trate en sus cuentos o en sus novelas…

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Ofreced flores, y una exposición, a los rebeldes que fracasaron

Conciertos sala mural boca

Desde hoy puede leerse en Mercurio mi crónica de la muy recomendable exposición Cultura y underground en los años 70, comisariada por Pepe Ribas, el fundador de Ajoblanco, que se presenta en una de las salas del Palau Robert, en lo alto de Paseo de Gracia.
El título rinde homenaje a una famosa novelita (por breve) de la época, Oferiu flors als rebels que fracassaren, de Oriol Pi de Cabanyes, muy representativa en estilo y contenido de las corrientes literarias del momento.
Siguen fotos de la muestra. Abajo, me encontré con una foto de un Jaume Sorribas jovencísimo, vestido de marinerito y con las imprescindibles melenas de la década, en la primera etapa de Joglars. El de atrás creo que se apellida Renom. Al menos una década después yo cuidaría de su bebé, en el primer año de universidad; guardo los mejores recuerdos de la bebé y del papá, y de las escenas de improvisación que preparaba con Pepe Rubianes en el comedor. ¿Quién hace de babysitter a quién en estos momentos? pensaba yo. Y guardo las divertidas notitas que me dejaba con instrucciones sobre ropa, comida, horarios de la criatura…

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Joglars, Comediants, Teatre lliure… La explosión del nuevo teatro catalán. Abajo: a celebrar la fiesta pos-dictadura se apuntaron todos los rockeros del planeta.

Pujol capgros o los exorcismos del humor y la farsa teatralExpo-5

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Ocaña nocturno y Oriol Tramvia, dos imprescindibles de la década.
Abajo: titulares de prensa: Murió Franco y mataron a Pasolini. No es lo mismo pero es casi lo mismo como definición de época: uno en la cama, el otro en una paliza a campo abierto a manos de neofascistas tapados por el poder. Arriba: fotos en bn de los conciertos son de Pep Rigol

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Chirbes y los tartufos

Chirbes-Lucha final

Me ha llamado la atención este verano que los que recomiendan algo de Chirbes se limitan a Crematorio dando la impresión de no haber leído nada más del de Tavernes. En la Correspondencia del editor de Anagrama con sus autores y un sinfín de gente del mundillo, que ha editado Jordi Gracia, leí un extracto donde Herralde se mostraba poco inclinado a publicar una novela de Chirbes titulada En la lucha final. La leí hace muchos años, y me pareció la típica historia que se estilaba en el momento, una pintura cargada de tópicos acerca de la nueva clase social aupada por el PSOE, esa que había olvidado su compromiso con los idealismos de izquierda y la lucha antifranquista. Esta novela incluye una subtrama sobre un escritor falto de inspiración que plagiaba el libro de otro y al publicarlo se veía delatado porque otro más-o-menos-escritor había aprovechado la misma obra. Me sorprende que nunca nadie hable de esta novela y que Marta Sanz no comente otros libros del valenciano. Quienes sepan leer más allá de la literalidad, como se espera de lectores adultos y avezados, habrán observado que Un detective no se casa jamás, de la Sanz, es en parte un homenaje al Crematorio de Chirbes, o mejor dicho a la Valencia espléndida que allí se exalta. También es llamativo que alguien que centró prácticamente toda su obra en Valencia, nombrada como Misent, siempre descrita en tonos sombríos, no hubiese caído antes en el valor literario y simbólico de su luz mediterránea. Porque no era vivencia suya. Porque tuvo que encontrarlo en mi texto para caer en el juego que podía dar. En sus últimas novelas, tras el  éxito de Crematorio, la crítica volvió a destacar la negrura de los ambientes que pintaba.
A Chirbes le ha ocurrido lo que al personaje de su novela, que el plagio del mismo texto por parte de un tercero delata el suyo. En claro: que Padura delata a Chirbes. Sin embargo, Chirbes robó más porque robó todo y luego lo reacomodó -por utilizar la terminología cubana sobre plagios no literales.

De momento estos detalles:

  • en  La playa, p. 48 del mecanoscrito : «Te voy a prestar las llaves del apartamento de la playa en Cullera, dijo, decidiéndose por fin a dar un paso más. Te instalas con la chiquilla y te quedas quince días, yo pasaré a veros los miércoles por la tarde y los viernes, tomáis el sol, coméis bien, si te falta dinero, déjale una cuenta abierta a la del súper que ya la saldaré yo,…»
  • en Crematorio, p. 249 y s.: «Mañana te traigo el dinero, le dice, lo guardas tú, para que veas, tú guardas el dinero […] Le propone irse del club al día siguiente. He preparado uno de los pisos libres de la empresa de un conocido para que Lola pueda instalarse un tiempo. Luego ya pensará algo.»
  • Padura tenía que llenar páginas y más páginas y él o sus negros embuchan material sin ton ni son. En la pág. 547 uno de los protagonistas, Darío, un médico cubano que ha prosperado en Cataluña, pasa el día o la mañana en la playa con la familia. El hijo –que no es de la catalana con la que vive– se ha echado una novia extranjera y varios momentos de la escena son un reacomodo del capítulo que publica JotDown en su número 36. También aqui vemos que le propone a su interlocutor un plan y enumera lo que van a hacer de antemano: «-Porque estaba pensando que yo podía llevarte. Tú y yo solos. Nos vamos en mi carro, almorzamos en algún lugar bonito, alquilamos un hotelito y dormimos la siesta, que sabes que me encanta, nos bañamos y luego seguimos hasta Toulouse. Allá comemos en un restaurante bueno con vino y quesos franceses, llamamos a Marquitos, y después te dejo en tu residencia de la universidad y me voy a un hotel. El domingo por la mañana desayunamos juntos, con croissants de verdad, y yo regreso y estoy aquí por la noche.»

Obsérvese que lo que dice no tiene demasiado sentido, porque ir a Francia y comer quesos franceses es de esperar. En cuanto a croissants de verdad también ha sido fácil encontrarlos en Barcelona en las últimas décadas. Pero el ritmo y el tono es lo que cuenta. Esto puede parecer poco -y es poco respecto a lo de Chirbes–, pero la prueba de que Padura no sabe ni qué dice se refleja en muchas páginas. En mi novela se habla desde el principio de los actores de los años 60 y es una referencia medular a lo que se cuenta. En Como polvo en el viento, en el capítulo mencionado, que arranca con un contundente «Los veranos son calientes en Segur de Calafell» (pág. 528)  también le da por hablar de «la potencia del sol y la plenitud del verano». Al igual que para Chirbes -que naturalmente extrajo de mi  novela inacabada y por ello inédita–, allí «Todo parece tan perfecto que casi no se puede pedir más» y, por lo mismo, al doctor Martínez le da por rememorar una evocación que lo entretuvo recién llegado a nuestros lares: «recién salido de Cuba, y una tarde vio atracar en la marina de Sitges un bote que lo remitió de inmediato a una secuencia para él inolvidable de A pleno sol, ese momento en que Alain Delon, Maurice Ronet y la rutilante Marie Laforet [poco rutilante en esta película donde pasa el rato sufriendo] llegan a un embarcadero y bajan al espigón, todo tan bello. Y recordó que en la película Delon lleva unos mocasines sin medias, como él decidió en ese instante que siempre se debía ir calzado en esos sitios de ensueño existentes en la realidad. La realidad de la parte del mundo que desde entonces sería el escenario de su vida.»

Esta escena no tiene ni pies ni cabeza y me pregunto cuándo pudo verse en Cuba películas como Plein soleil; de estreno no sería por la edad del personaje y las reflexiones de anticipada nostalgia capitalista son absurdas pretendiendo ser hedonistas.
Por cierto, que la necesidad –seguramente dictada desde la editorial– de llenar y llenar páginas, y la de quien escribió de darle un tono «elevado», «literario», lleva a frases como la que sigue, en la p. 308: «Horacio se empeñó en la búsqueda de algún indicio capaz de orientarlo hacia un descubrimiento que necesitaba y, a la vez, temía realizar»
.

Antes de este episodio tenemos a una de las protagonistas, «la que se queda en la isla acompañando exilios con la memoria, alimentándose de exilios y de fugas» [la playa, p.96], Padura se enreda en el tono caviloso y llega agotado a la p. 398, por lo que termina un párrafo «Porque nunca nos bañamos dos veces en las mismas aguas de un río, y si así fuera, resultaría demasido aburrido», que guarda cierto parecido con «también porque cada cierto tiempo vuelven las viejas olas en que nos bañamos una vez, y traen residuos que arrojamos, basura convertida en indicio de nuestros deseos». (LP, p.75), que Chirbes puso así: «Cada vez que se acaba una etapa de ideas más o menos racionales, vuelven las viejas supersticiones con renovada energía» (Crematorio, p. 93).

Hay mucho más, pero lo dejo aquí por hoy.

«Mar», Jot Down 36

JotDown 36 cover

Ya ha salido el número especial, «MAR», de Jot Down, el número 36. Estoy muy contenta de haber podido participar en este homenaje. Veréis que el resultado es excepcional, tanto en artículos, entrevistas y crónicas como en imágenes.
He contribuido con un extracto de la novela La playa (una sección que seguro que a Padura le resultará familiar y por eso la he elegido). Creo que el texto resiste bien el tiempo.

Os dejo con la banda sonora del fragmento, que una playa valenciana de 2002, antes del bombazo de la crisis era todo alegría y jolgorio y pereza política: 😀 😀

Mis favoritos para la clonación: Jean-Paul Belmondo (Bébel)

Aquí, el homenaje que le dedica hoy en Editorial Le Monde

DE LA HABANA HA VENIDO UN BARCO CARGADO DE...

belmondo-sebergBelmondo – Seberg -en à bout du souffle

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A bout de souffle -JL Godard, Fotos en: cinema of France

Abajo, un pequeño pero importante papel dramático con Sophia Loren en La ciociara, de Vittorio de  Sica

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Le Magnifique, de Philippe de Brocca, 1973. Maravillosa parodia de las películas de agentes secretos 😉 Con la bellísima Jacqueline Bisset. A ambos se les nota el disfrute en cada escena.

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Resumen en francés del argumento del blog Le nouveau cinéphile:

François Merlin, un modeste écrivain, tente d’écrire les prochaines aventures de l’agent secret Bob Saint‑Clar. Cela donne lieu à une alternance entre les scènes de la vie quotidienne du romancier de petite envergure et les mission de Bob Saint‑Clar, où Belmondo en fait plus que jamais des tonnes. Une parodie des films d’espionnages, très réussie, alternant humour, gags hilarant et décalés, et action. Jean Dujardin s’est d’ailleurs…

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«Duelo siempre latente», El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza

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Ya puede leerse en la revista Mercurio la reseña dedicada al último libro de la escritora Cristina Rivera Garza, El invencible verano de Liliana. Su dispositivo narrativo recuerda a Jane, A Murder, de Maggie Nelson, un relato construido mediante poesías y extractos del diario de Jane y de las investigaciones del crimen. El libro no está traducido al español a día de hoy, que yo sepa.

El libro es, por supuesto, interesante y colma un vacío de testimonios directos en México, pero también dice mucho, y nada bueno, sobre el mundo de las grandes corporaciones editoriales españolas y sus estrategias comerciales, pues pocos ignoran que el tema de la violencia doméstica, de los abusos sexuales y, sobre todo la extensa bibliografía seria sobre el asunto considerado desde diferentes vertientes y disciplinas (política, sociología, psicología y psicoanálisis, jurídico) no nació con el movimiento americano MeToo.

Rivera Garza trabaja el texto de modo que resulte un concentrado de evidencias y transmita las diversas emociones que atraviesan las víctimas colaterales del crimen: familia, amigos cercanos. No deja duda sobre su intención –homenaje y denuncia– mientras Nelson  opta por combinar los planos narrativos generados por los diferentes géneros –cartas, diarios, declaraciones de sus allegados, notas de prensa, reflexiones de la propia autora– con el propósito de desactivar el morbo ligado a toda historia de crimen, y específicamente del crimen de una mujer joven. Su relato resulta vago, evocador y fantasmal como la presencia de la asesinada, e irresuelto, pese a haberse dado con el criminal. Esa vaguedad, esa irresolución reflejaba de forma intuitiva las dudas sobre la identidad del auténtico criminal, dudas que se confirmaron cuando los avances técnicos en análisis de pruebas, incluido el adn, permitieron identificar al asesino. Nelson recogió esta experiencia en otro libro, The Red Parts.

En cierto modo, puede decirse que ambos libros muestran una manera femenina de aproximarse a este tipo de crímenes que tienen a las mujeres como víctimas «naturales»: combinando diferentes planos y secuencias, apoyándose en diferentes géneros sin jerarquizarlos según su mayor o menor raigambre intelectual, acercándose al hecho mediante rodeos hasta alcanzar el núcleo duro del tema, y postulando una reflexión sobre el imaginario de cada época en torno a la libertad de la mujer y sus ambiciones de emancipación.

También es digno de subrayarse el modo como, desde las universidades y desde púlpitos legitimadores como revistas y diarios de gran circulación, las «expertas» españolas en feminismos y literatura de mujer se han apoderado de un tema que llevaban 25 años desdeñando.

Jane and Maggie retratos

In «Jane: A Murder,» poet Maggie Nelson (right) explains her rationale for writing a true-crime book about the 1969 killing of her aunt (left) that doesn’t focus on the killer: «It is Jane’s murder / that interests me. / His crimes do not».


Duelo siempre latente

«Fue a partir de 2007 cuando el público lector español captó el gran interés de la obra de Cristina Rivera Garza (Matamoros, México, 1964), con la publicación de La muerte me da, una novela donde la hibridación de géneros y la indagación en la potencia expresiva del lenguaje resultaba en una historia que conjugaba audazmente el relato policial con el vanguardismo literario.»

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