El banquete del eros intelectual, en Revista Mercurio

Roudinesco-Diccionario amoroso

Hoy se publicaba en Mercurio mi reseña del Diccionario amoroso del psicoanálisis, de la historiadora de la disciplina Élisabeth Roudinesco. Admiro mucho su talento literario y la lucidez que le ha permitido adelantarse a posiciones que hoy se consideran modernas. Demuestra que el psicoanálisis puede dar respuesta a los conflictos que los individuos atraviesan dentro de una sociedad en crisis. Sus retratos psicológicos son impresionantes, aunque en España no parece tener una gran repercusión. Sin lugar a dudas es más sólida intelectualmente que Siri Husvedt, que integra los estudios de psicoanálisis y neurociencia como biografía, pero carece del perfil glamuroso que ayudó a la Husvedt a abrirse un hueco en nuestro mercado. Del trabajo de Roudinesco, en España se conoce fundamentalmente las biografías de Lacan, la recopilación de ensayos Nuestro lado oscuro, sobre las perversiones y sus derivas particulares en el sistema capitalista, publicadas por Anagrama, y la extensa sobre Freud, ya en Debate y con una traducción muy buena. Uno de los efectos inmediatos que consiguió con la biografía de Freud, al margen de las controversias de especialistas de diversas escuelas psicoanalíticas, controversias que suelen escoltarla cada vez que abre la boca o publica una monografía, es que neutralizó las majaderías que Onfray llevaba cierto tiempo propalando acerca de la vida y vicios de Freud. Supongo que todavía hoy tiene valor el buen uso de los datos y archivos de autores.

El remitente misterioso por Proust, Fraisse y Pauls

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Hoy me ha llegado el volumen de relatos inéditos (hasta hace nada bien sûr) que Proust guardó, Luc Fraisse recuperó, transcribió y dio conocer al mundo y Alan Pauls ha traducido al español y prologado en edición de Lumen. Muy bien concebida la edición, incluso para quienes reaccionan con sarpullidos a las notas al pie, que aquí no faltan. Cada relato tiene su presentación y alguno se acompaña de notas sobre variantes del texto. Hay una segunda parte, me figuro que más para fanáticos y curiosos de la gran novela proustiana, titulada «A las fuentes de En busca del tiempo perdido«.
La espera en la cola de Correos para recoger otro paquete se me ha hecho cortísima leyendo el prólogo de Pauls… No hay manera de pillarlo en un renuncio: siempre es interesante.

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