Ofreced flores, y una exposición, a los rebeldes que fracasaron

Conciertos sala mural boca

Desde hoy puede leerse en Mercurio mi crónica de la muy recomendable exposición Cultura y underground en los años 70, comisariada por Pepe Ribas, el fundador de Ajoblanco, que se presenta en una de las salas del Palau Robert, en lo alto de Paseo de Gracia.
El título rinde homenaje a una famosa novelita (por breve) de la época, Oferiu flors als rebels que fracassaren, de Oriol Pi de Cabanyes, muy representativa en estilo y contenido de las corrientes literarias del momento.
Siguen fotos de la muestra. Abajo, me encontré con una foto de un Jaume Sorribas jovencísimo, vestido de marinerito y con las imprescindibles melenas de la década, en la primera etapa de Joglars. El de atrás creo que se apellida Renom. Al menos una década después yo cuidaría de su bebé, en el primer año de universidad; guardo los mejores recuerdos de la bebé y del papá, y de las escenas de improvisación que preparaba con Pepe Rubianes en el comedor. ¿Quién hace de babysitter a quién en estos momentos? pensaba yo. Y guardo las divertidas notitas que me dejaba con instrucciones sobre ropa, comida, horarios de la criatura…

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Joglars, Comediants, Teatre lliure… La explosión del nuevo teatro catalán. Abajo: a celebrar la fiesta pos-dictadura se apuntaron todos los rockeros del planeta.

Pujol capgros o los exorcismos del humor y la farsa teatralExpo-5

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Ocaña nocturno y Oriol Tramvia, dos imprescindibles de la década.
Abajo: titulares de prensa: Murió Franco y mataron a Pasolini. No es lo mismo pero es casi lo mismo como definición de época: uno en la cama, el otro en una paliza a campo abierto a manos de neofascistas tapados por el poder. Arriba: fotos en bn de los conciertos son de Pep Rigol

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Pedaço de mim

Essa música é uma homenagem a famosa estilista Zuzu Angel. Zuzu passou os últimos anos da sua vida a procura do corpo de seu filho que foi morto pela ditadura militar, sua busca acabou gerando problemas com a ditadura e por isso ela acabou sendo assassinada em 1976. Dois anos depois Chico Buarque lançou essa música no musical “Opera do Malandro”.

¿Pero adónde fueron los años 70?

Foto Ros Ribas 1983?

haciendo limpieza estos días, reapareció esta foto que me hizo el Ros en el 83. Andaba él probando un nuevo objetivo y yo iba, como solía, a charlar a su estudio antes de ir a la universidad o en cualquier rato suelto. Supongo que cursaba 2º de carrera y no podía estar más decepcionada de lo que había resultado ser la universidad. Lectora voraz desde muy pronto, creía que iba a encontrarme un ambiente progresista y de verdad moderno, un Berkeley en Barcelona y no. Había profesores que preparaban bien sus clases, pero era chocante verlos persiguiendo jovencitas y jovencitos, por no hablar de aquel momento memorable en que los que habían ido de progres cambiaron la pana por los abrigos de marca a lo intocables de Eliot Ness. El catalanismo no había causado aún los estragos que ya conocemos.

Por entonces me preguntaba por qué estaba tan decepcionada; hoy no me extraña, el sistema premiaba a los pijos y a los perezosos, era arbitrario y anticuado el programa, jerárquico, fue la reacción de los años 80 contra los 70, el perfeccionamiento del consumismo.

El libro de Mary McCarthy, Retratos de Watergate, se publicó en el 74; lo compré como se ve en la firma, en el 83, a 190 pesetas, supongo que sería medio ganga. Había leído de ella El grupo, después de ver la película. Curiosamente, mi opinión de entonces coincide con la que a Norman Mailer le valió el vapuleo de unas y otras feministas de la época, es decir que la parte más interesantede la trama corresponde a la intriga de la “chica guapa” –papel que en el cine encarnó la más que bella Candice Bergen, luego mujer del gran director de cine de la nouvelle vague Louis Malle–.

Por azares, estos días estoy leyendo sobre conspiraciones más reales que menos, durante el gran periodo conspirativo, los 70, en la Europa occidental y en los USA. Así rescaté también estos retratos que publicó Anagrama cuando publicaba gran cultura y contracultura sin complejos. Puede que las traducciones no sean perfectas, pero a los veinte años importaba más el plano de conjunto y su correlación con los problemas y posibles resoluciones en las que andaba enfrascada. Recuerdo que lo dejé a medias, a falta de referencias para disfrutar cabalmente del texto.

Hoy, con más bagaje e internet para consultar cualquier dato dudoso, me parece un muy solvente conjunto de retratos e impresiones del escándalo Watergate con una voz propia de una escritora no muy conocida/reconocida aquí. Era, por otro lado, una década gloriosa del periodismo de izquierdas y ella misma alude al trabajo del Washington Post. Con respecto a la enorme audiencia que cosecharon las comparecencias de los acusados, Mary McCarthy sostiene la tesis –sugerida, como  no puede ser menos, por un colega francés– según la cual la población estadounidense necesitaba expiar su culpa por Vietnam, de ahí la pasión con que seguían los acontecimientos –las amas de casa estaban al cabo de la calle de todo el intríngulis–. Los retratos son morales, es decir van cargados de valoraciones sobre los comportamientos y declaraciones de los protagonistas. Este tipo de enfoque, con la mezcla de trazo literario y reflexión política, resulta en un retrato del “político profesional” americano, ese varón carne y cerebro de “corporaciones” que ha perdido contacto no con la realidad sino con la realidad de las consecuencias de sus decisiones y asisten perplejos a su acusación. Estamos hartos a estas alturas del tópico del político como delincuente de altos vuelos, por eso un estilo y el relato de los hechos sirve para poner coto al mensaje cínico o resignado que asegura que son males inevitables.

Se lee muy bien y demuestra que no todo el buen periodismo de los 70 empieza y termina en la crítica de la Didion al movimiento hippie. Por el contrario, la Mccarthy es, no menos que su marido el crítico Edmund Wilson, sagaz, certera, elegante e interesante, una buena prueba de lo que me dijo un fotógrafo y traductor catalán : que la cultura de izquierdas puede y debe ser exquisita y muy elaborada.

También produce desasosiego compararlo con el periodismo de hoy, incluso con el que dice ser independiente.

Fase 0,63: Buscando peinados para sobrellevar el confinamiento…

…encuentro a estos amigos americanos tan eufóricos, arracimados y sincronizados.. Son de cuando el país no había caído en la obesidad, la diabetes y la cirugía plástica…  Creo que la pamela, el pañuelo en la cabeza y el frissé son opciones a considerar.

Si Madrid está castigada por Sánchez según la Ayuso, lo mismo ocurre con Barcelona: Torra no perdona que la capital no sea ni vaya camino de ser de la convergencia o como diablos se llamen ahora y nos quedamos en la fase 0,5.

Yo me encuentro en la Fase 0,63, porque no he nacido para formar parte del montón 😀