Insistamos en ser útiles…

Pero no de cualquier manera ni a cualquier precio.
Mientras en Madrid están a un paso de ponerle una estrella de la vergüenza a los pobres –en Cataluña hace tiempo que lo hacen: primero te empobrecen, si te rebelas te condena al ostracismo–, dediquemos nuestro tiempo a ser útiles en la medida de nuestras posibilidades.
Aquí traigo un vídeo que resume la trayectoria del fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado, adoptado por los franceses –algo habitual cuando uno procede de una vergonzante dictadura latinoamericana o española–. Aunque el documental que filmó con Wenders, La sal de la tierra, es, quién lo duda, más brillante, de imprescindible visión para los amantes de la fotografía, este tiene el aliciente de sus comentarios acerca del Brasil de Bolsonaro. Recordemos el compromiso de Salgado con su tierra y cómo recuperó el territorio natural en los terrenos de la granja familiar, que se hallaba completamente devastado, plantando miles de árboles de diferentes especies, hasta convertirlo en un modelo de recuperación ecologista.
Hagamos lo posible para que los agoreros de la pandemia y los oportunistas de la crisis no nos cierren, ni poco ni mucho, el horizonte

Memoria y testimonios de los supervivientes de Srebrenica [una aportación al debate]

La reputada fotógrafa Nina Berman nos recuerda su reportaje de esta joven violada por serbios.

Standing with #BosniaWarJournalists #BosniaWarReporters in protest against the #NobelPrize in Literature to war crimes denier Peter #Handke.
We are posting today and tomorrow our pictures and stories from the 1992-1995 Bosnia War to stand up for the truth and for war victims. Read Peter Maass stories in the Intercept for more info on Austrian writer #PeterHandke.

On June 30, 1992, an 18-year-old Muslim woman was kidnapped by Serb soldiers from a bus station in Belgrade. She was shoved in a car and eventually taken to Pale, the Serb stronghold near Sarajevo. She was held prisoner there, burnt with cigarette butts and repeatedly raped and beaten by Serb soldiers sometimes at knife and gunpoint. They insulted her for being Muslim and said many Muslims were going to give birth to Serbian children. After ten weeks in captivity, she was put on a truck with 30 – 40 other prisoners, all men, and sent to Visoko where she was traded for bags of flour. The woman ended up getting pregnant as a result of the rapes and sought care at Tuzla Hospital where I photographed and interviewed her on New Year’s Day 1993. Sexual violence was a war strategy used by Serbs to destroy the Muslim population and create a Serb ethnostate in Bosnia.

Tuzla Hospital, Bosnia Herzegovina, January 1, 1993 | ©Photograph Nina Berman/NOOR

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Colaboré durante cuatro años seguidos, entre 1994/8 –y trabajé como traductora independiente- para Médicos Sin Fronteras en Barcelona motivada, precisamente, por las atrocidades de la guerra de Yugoslavia, de las que empezaron a llegar noticias cuando Barcelona se daba un baño de vanidad y la burguesía sacaba el dinero escondido –según explicaría el alcalde Maragall– para especular con la remodelación de la ciudad para las Olimpiadas. En la sede de MSF, en contacto directo con los “humanitarios” que salían de urgencia al “terreno”, avisados del último ataque con tal número de muertos y de la escasez de médicos y equipo, y luego con fotógrafos que pasaron meses –o años, sumando el tiempo entre ir y volver– jugándose la piel para documentar los hechos –recuérdese que varios españoles murieron allí–, me formé una opinión sobre quién estaba masacrando a quién. Curiosamente, por entonces no se hablaba tanto de religión, de que si los bosnios eran musulmanes, un rasgo que luego se ha subrayado con las guerras de Daesh y compañía.

Foto: Ron Haviv – Campo de concentración serbio. Bosnia, Trnopolje, agosto 1992.

Me pidieron que tradujera del francés los TESTIMONIOS DE LOS SUPERVIVIENTES DE SREBRENICA. Una parte la publicó El País. Se repiten los relatos de violaciones presenciadas por familia directa cuando los serbios detenían los vehículos en que se desplazaban los bosnios. Se ha contado tantas veces que parece morboso describir de nuevo esos episodios que provocaron que personas comunes empezaran a comentar los sucesos que transmitían periódicos y telediarios y a reclamar solución a “una guerra que estaba sucediendo dentro de Europa”. Qué pena, ¿verdad?, que quedaran supervivientes para hablar del modus operandi en la ratonera que fue Srebrenica, que contaran cómo los cascos azules holandeses que supuestamente debían protegerlos se quedaron de brazos caídos [ya fueron acusados de inoperancia y condenados por ello]. «Miles de hombres y niños que se habían refugiado en 1995 en una base de la ONU en las afueras de Srebrenica fueron entregados al ejército serbobosnio por cascos azules holandeses.»

Fue una carnicería –y resulta escandaloso decir que se hincharon los datos para provocar la intervención de los americanos–; da lo mismo que fuesen mil o diez mil. También ocurrió con el genocidio de los tutsis a manos/a machetazos de los hutus. No cambia la cantidad, lo que importa es la planificación y el terror. Lo niegue Handke o la abuela de Handke. Y, por supuesto, que lo lea quien guste, pero aquí están algunos de los testimonios.

El BOSNIA BOOK PROJECT – iniciativa de varios fotógrafos que cubrieron la guerra

Icónica fotografía de Santiago Lyon de una mujer asesinada por un francotirador. Junio de 1992. Era conocida como la “avenida de los francotiradores”.

** Fe de erratas: se van colando muchas con el grabado automático; [este diseño de página no resulta tan cómodo como el anterior, pero es útil mientras encuentro otro mejor.]